6 abr. 2020

Las residencias de mayores no pueden ser moridores desatendidos

El indicio más revelador es el cambio de postura del president Torra, quien ha pasado a aceptar y agradecer la intervención de la Unidad Militar de Emergencia (UME) en tareas de desinfeccion en 35 residencias geriátricas de Catalunya ante la desatención sanitaria y el índice de mortalidad que registran. Una de cada cuatro muertes de la actual pandemia se ha producido en los centros geriátricos Las carencias estructurales de estas residencias por  falta de inversión y recortes han quedado al descubierto y ponen brutalmente sobre la mesa la necesidad de un cambio de modelo de gestión para devolver la dignidad a sus usuarios. La cantidad insuficiente de residencias públicas ha llevado a proliferar los centros privados. Es muy difícil que un piso
concebido para otros usos habitacionales se pueda convertir en residencia de gente mayor con las instalaciones necesarias, y sin embargo abundan.
En 2014 los trabajadores de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) dedicaron su campaña solidaria de cada año al lema “Muévete por la gente mayor”, con acciones de sensibilización durante tres meses sobre los problemas de soledad y marginación de los ancianos. No podían elegir mejor, la misma semana en que los presupuestos del Estado anunciaban un recorte de casi el 50% de las aportaciones a la dependencia y la conselleria de Benestar Social de la Generalitat la prolongación sine die de la suspensión temporal del pago de la ayuda a los dependientes, una cantidad que a menudo marca la diferencia económica entre poder ingresar o no en un centro geriátrico concertado.
En el mismo momento, la Ley de Estabilidad Presupuestaria aprobada por el Parlament de Catalunya estipuló la prioridad del pago a los bancos de los intereses de la deuda pública y ni aludió a una reforma fiscal que hiciese cumplir las leyes tributarias a quienes tienen más recursos. La desprotección de los ancianos marca la categoría moral, el grado de indecencia del sistema que los ciudadanos votamos de forma teóricamente democrática, es decir a favor de la mayoría.
Los países de la Unión Europea con más octogenarios son actualmente Italia, Grecia y España. En Catalunya la esperanza de vida es estadísticamente de 86 años para las mujeres y 80 años los hombres. A quienes alcanzaremos cada vez más la condición de octogenarios, según la media estadística, no deseamos ser tratados como ciudadanos de segunda "en edad de esquela" ni descartados del triaje sanitario. Nos gustaría alcanzarla con bienestar a pesar de los achaques de la edad, que no son más ni menos importantes que otros achaques de cualquier edad, si le ponemos la parte necesaria de convicción personal y social.
La convicción debe traducirse en políticas correctamente dotadas en los presupuestos públicos, en vez de ser las primeras en verse recortadas por los gobiernos, como ha sucedido con reiteración. Ahora cosechamos los muertos de los recortes.

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