Personas que viven voluntariamente aisladas o confinadas siempre las hubo. Estos días aparece de nuevo en los diarios el caso de Montserrat Domingo, que vive sola por vocación desde hace cuarenta y tres años en la ermita de Sant Joan del Codolar, en el Priorat. También es cierto que la cantidad de eremitas o anacoretas de esta clase ha caído en picado, aunque los solitarios vocacionales no tanto, por más que ahora no tengan estatuto monástico reconocido. Los primeros siglos del cristianismo reconocieron una categoría superior a la de eremita o anacoreta, la de los estilitas. Se instalaban a vivir en lo alto de una columna para
