Además de una zona geográfica, intuimos que el Mediterráneo es una cultura, una forma de entender la vida. En este mar de la historia, el legado grecolatino acabó por impregnar toda la cultura occidental, frente a la islámica desplegada en la otra orilla. El mosaico de realidades superpuestas que abraza el viejo mar entre tierras (eso significa su nombre) ha convertido siempre en imposible una definición clara y general del concepto mediterráneo, aunque múltiples autores lo intentan periódicamente con fortuna y variable. Yo lo probé en mi libro de 1986 El Mediterrani ciutat, destinado a describir la personalidad urbana de las principales metrópolis de ambas orillas y matizar la visión de “orinal turístico” que