Un colega que dirige una acreditada agencia de comunicación y relaciones públicas, la cual tiene entre sus clientes a los servicios funerarios de la ciudad, me ofreció uno de los trabajos más prometedores en la actual situación. Conocedor de mi experiencia como “negro” editorial y redactor de algunos libros de encargo, así como de mi opinión sobre la nobleza del género periodístico de los obituarios, me brindaba una idea genial. Consistía en recorrer cada día los tanatorios y ofrecer a los familiares de cada difunto
