La bandoneonista alemana Almut Welmann y su marido Miguel Chimienti vivían hasta hace poco en Barcelona y ahora lo hacen en la localidad alemana de Sulzburg. Almut me prometió que, si iba a visitarles, tocaría Johann Sebastian Bach con su su bandoneón para nosotros solos en la iglesia de San Ciríaco, una joya románica del siglo X restaurada recientemente, de una sonoridad que las líneas desnudas del románico ennoblecen. Ella sabía que la audición privada en este lugar me causaría una callada conmoción, como amante de Bach y del tango. Se trata de una iglesia luterana, igual que Bach, aunque la naturaleza de la música no tiene más limitaciones ni clasificaciones que el talento expresivo de cada compositor y cada
