Relativamente apartada en la parte alta de Barcelona, el nombre de Santa María Reina lleva a confundirla a veces con el vecino monasterio de Santa María de Pedralbes, aunque se trata de dos joyas muy distintas: una renacentista y reciente, la otra gótica y cargada de historia. La belleza descaradamente florentina de Santa María Reina se debe a la pasión por la capital italiana del Renacimiento del arquitecto Nicolau M. Rubió i Tudurí, que la proyectó en 1922. Su especialidad simultánea de arquitecto de jardines descolló igualmente, a lo largo del desnivel existente entre el acceso por la carretera de Esplugues y el templo. Fue
