Una demostración de nuestro alejamiento de la naturaleza es que las personas de hoy prestan poca atención al viento de cada día y no saben distinguir una tramontana del norte exaltante e higiénica de una marinada pegajosa, seguramente porque influye menos que antes en su vida cotidiana. El desconocimiento constituye un hecho reciente, en cambio el estudio del viento representa un saber estratégico desde la Antigüedad. Aristóteles escribió el año 340 antes de nuestra era la obra titulada Meteorológica para explicar los fenómenos atmosféricos con los conocimientos de la época y empezar a sustraer las fuerzas naturales de las causas puramente mitológicas. La Torre de los Vientos
