Puigcerdá ya era en 1936 una villa de veraneo aristocrático donde los trabajadores vivían en duras condiciones junto a los chalets alpinos de la “Suiza catalana”. La sublevación militar del 18 de julio contra el gobierno de la República se encajó aquí como en todas partes, con la diferencia de que en Puigcerdá no había guarnición militar. El Comité Antifascista asumió el poder y los anarquistas protagonizaron la gestión de los asuntos públicos, hasta ser aplastados en abril del 1937 por las fuerzas regulares de los gobiernos de la Generalitat y la República. La liquidación del anarquismo en Puigcerdá constituyó el precedente inmediato de la misma operación a escala de toda Catalunya, a raíz de los Hechos de Mayo de 1937 en
