Debe ser verdad que el principal legado del presidente Tarradellas, del que ahora se conmemoran los 40 años del retorno a Catalunya en ejercicio del cargo, consistió en preservar en el exilio la vigencia de la institución catalana de autogobierno mediante un talante cargado de realismo y discreción. Aunque aseguraría que dejó otro legado importante: el embrión del Archivo Montserrat Tarradellas de Macià, con el nombre de su hija, en el monasterio de Poblet. Durante las últimas tres décadas se ha convertido en una joya de documentación histórica, regida por el patronato presidido por los abades sucesivos, el hijo Josep Tardadellas i Macià y el profesor Josep M. Bricall (en la foto), pero gracias igualmente a la ingente tarea en el