Conocí a Manolo Valiente a comienzos de 1979 al pie de la tumba de Antonio Machado en Collioure, mientras preparábamos con los colegas del diario perpiñanés L’Indépendant la serie sobre el cuarenta aniversario de la Retirada republicana de 1939. Era un cantero, escultor y poeta sevillano exiliado en Banyuls. Una vez al mes acudía a vaciar el buzón de mensajes que él mismo había colocado en el dosel de la tumba para que el viento no los desperdigara por todo el camposanto, con la autorización municipal y de la Fundación Antonio Machado de la localidad, de la que era su dinámico secretario. Una tumba con buzón de correos adosado
