Los juicios por corrupción suelen convertirse en una lista de acusados, cómplices, beneficiarios, amigos y familiares que coinciden en alegar que la culpa la tenía el otro, que ellos solamente seguían instrucciones o que ignoraban el carácter delictivo de la actividad juzgada. En algunas ocasiones los imputados eran tenidos hasta aquel momento por personas respetabilísimas. Fèlix Millet utilizaba el prestigio social atribuido a su apellido y a la institución musical que presidía para gestionar-la como un cortijo de los de antes. No ha podido evitar
