3 may. 2012

La naturaleza tiene su música, ya lo sabemos

Este señor se llama Bernie Krause y es un investigador y compositor norteamericano que acaba de publicar el libro The Great Animal Orchestra (Buscando los orígenes de la música en los lugares naturales del mundo), calificado por el New York Times como el intento más logrado de “desafiar el monopolio humano en la capacidad de hacer música”. Explica una vez más que todos los seres vivos de la naturaleza emiten sonidos por necesidad de ser percibidos, para comunicar algo, y que a veces
los humanos pueden ser los más bestias en este aspecto. Cada especie ocupa un espectro del mundo audible, consolida la propia banda sonora, su territorio sonoro por contraste con las demás.
El autor lleva toda una vida paseando con cascos en los oídos y aparatos de grabación en bandolera para demostrar la belleza de las armonías naturales. Ahora lo ha convertido en un atractivo libro, al que se puede augurar todo el éxito. Para alcanzarlo a veces basta con argumentar las cosas más elementales y pasarlas por el lenguaje prestigioso de la ciencia, que en este caso han denominado “biofonía”. Otras veces es suficiente abrir los ojos, prestar atención y sobre todo valorar la percepción de la realidad.

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