24 may. 2012

Vuelve el tiempo de cerezas, por suerte

Ahora, exactamente ahora comienza el tiempo de cerezas. Las de aquí, no las de invernadero regadas gota a gota bajo calefacción o las procedentes de las antípodas en pleno invierno, que son cerezas de anuncio. Últimamente las de siempre se valoran de nuevo como un pequeño lujo de la naturaleza y algunas comarcas las convierten en fiesta local de peregrinación. Antes eran algo natural, un fruto espontáneo de la llegada del verano, ahora son una conmemoración. 
Mi padre tenía un cerezo, yo no. En contrapartida me entretengo en cocinar pato con cerezas cuando llega la época y a deshuesarlas una a una para el guisado, como una ilusión anual. Algunos años varío
un poco y preparo codornices con cerezas, flambeadas con algún espirituoso. Sin embargo no he decidido cual es la fiesta de la cereza que me alegra más: la exaltante flor blanca estallando en el frío del invierno (el local cherry blossom) o la cosecha del fruto que abre el verano. Casi siempre me decanto románticamente por la primera y recuerdo aquellos versos, más decantados aun, de Pablo Neruda: “Quiero hacer contigo/ lo que la primavera hace con los cerezos”…
Cataluña produce unas 13.000 toneladas, la mitad en las comarcas tarraconenses, especialmente la Ribera d’Ebre y la villa de Miravet, seguida por Tivissa, Benissanet y Flix. Gozan de renombre las de Terrades y Llers en el Alt Empordá, las de Sant Climent de Llobregat, Santa Coloma de Cervelló, Torelles i El Papiol en el Baix Llobregat, las de Caldes de Montbui en el Vallés Oriental, las de Arenys de Munt en el Maresme, las del Valle de Gallinera en la Marina Alta y las extensivas del Valle del Jerte en Cáceres. 
Las de Sant Climent de Llobregat tienen el mérito añadido de haber dado pie en 2005 a la edición de una magnífica monografía: Bojos per la cirera (Locos por la cereza), con una introducción cientifico-poética de la doctora en ciencias químicas Laura Gosalbo sobre orígenes, variedades, cultivo, propiedades nutritivas, consejos prácticos de compra y conservación, así como 42 recetas del cocinero del restaurante El Racó de la localidad, Gerard Solís, para aperitivos, entrantes, carnes, pescados y marisco, postres o incluso un capítulo sobre la cereza y el vino. 
En Ceret tienen fama de ser las más tempranas, dulces y coloridas, en un valle fronterizo de microclima afortunado. La cosecha arranca allí por Sant Jordi y es tradición republicana enviar las dos primeras cajitas al palacio del Elíseo para el presidente del país. Este año coincidió con los días de traspaso de poderes y enviaron cuatro: dos para el presidente Sarkozy y otras dos para el presidente Hollande. En realidad la celebridad de la cereza de Ceret empezó con el siglo XX, al multiplicar los agricultores unos árboles convertidos en rentables que hasta entonces apenas flanqueaban a los huertos. En 1960 la localidad producía 7.000 toneladas, hoy 1.200. El próximo fin de semana Ceret celebra la popular Fiesta de la Cereza, que ahora coincide con el certamen de bandas de música callejeras. El cafarnaún del “Ceret de Bandas” preludia el mucho más gordo del “Ceret de Toros” del 14 Juillet, cuando las cerezas empiezan a ir de baja y las sangrías a elaborarse de cualquier manera. 
En Francia “Le temps des cerises” es también una popularísima y emotiva canción asociada a la Comuna de París y a las interpretaciones inolvidables de Charles Trenet o Yves Montand, versionadas hasta hoy incluso en rock, igual como algunas cerezas.

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