4 sept. 2012

Los mercados nunca se calmarán, es inútil

La opción adoptada por los actuales gobiernos de “calmar” a los mercados, satisfacerles, apaciguar su agresividad, recuerda enormemente la política suicida mantenida por las principales potencias democráticas (Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos) ante el ascenso de la agresividad del Tercer Reich en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial. Aquella táctica fue conocida como Appeasement policy, la política de apaciguamiento, y tuvo dramáticos resultados.  Primero Gran Bretaña, Francia y la administración demócrata del presidente Roosevelt declararon la No Intervención en la guerra civil española, mientras Alemania e Italia intervenían en ella sin rubor. En setiembre del 1938 Daladier, Chamberlain, Hitler y Mussolini
firmaron el Pacto de Munich, la capitulación franco-británica ante la anexión germánica de la región de los Sudetes checoslovacos, después de haber anexionado Austria en marzo anterior. Lo firmaron a cambio de vagas promesas alemanas de paz, pese a que Francia mantenía un tratado de alianza con Checoslovaquia, igual que tenía un convenio de colaboración con España. Para Neville Chamberlain y Édouard Daladier era la culminación triunfal de su “política de apaciguamiento” del ascenso germano-italiano. No duró ni seis meses. En abril del 1939 Hitler rompía el Pacto de Munich con la invasión de toda Checoslovaquia. Aun no fue suficiente para abrir los ojos de los gobiernos democráticos, quienes esperaron hasta la invasión de Polonia en setiembre de 1939 para rendirse a la evidencia de la guerra declarada, del fracaso estrepitoso de la política de apaciguamiento. 
¿Quién “apaciguó” a continuación a los 50 millones de muertos que costó la Segunda Guerra Mundial? Del mismo modo, pretender ahora salir de la crisis en que nos hallamos “apaciguando” a los mercados financieros a fuerza de respetar sus recetas no ha hecho más que aumentar su voracidad. Los mercados no existen como fuerza autónoma, existen los mercaderes y sus intereses particulares. Son bien conocidos, conocidísimos. Otra cosa es que los gobiernos y los medios de comunicación quieren señalarlos con el dedo, responsabilizarlos, controlarlos, ponerlos en su sitio. Salta a la vista que no vamos en esta dirección. La democracia se ha convertido en la administradora del sistema financiero.

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