13 jul. 2013

Elsa Peretti merece más que un premio oficial

Este artículo también se ha publicado en Eldiario.es, sección Catalunya Plural

Entre la lista de personas que acaban de recibir el Premio Nacional de Cultura 2013 de la Generalitat figura el nombre de Elsa Peretti con todo el merecimiento, aunque con una salvedad. El galardón debería servir para que la Fundación Elsa Peretti divulgase de una vez la larga lista de sus mecenazgos, a los que sería preciso sumar a escala internacional los de la Fundación Nando Peretti, que preside igualmente la hija. Ante esa lista, si se conociese, la gente caería de espaldas. La Fundación Elsa Peretti tiene la sede social desde 1996 en el pueblito de Sant Martí Vell, de 250 habitantes, en territorio del Gironés asomado al Baix Empordá, una bellísima demarcación en la que es difícil deambular mucho rato sin sentir la influencia resolutiva y discreta de esta mujer de envergadura. Los proyectos culturales patrocinados por Elsa Peretti que conozco los he
sabido casi siempre por vía privada a través de sus beneficiarios, raramente a través de la fundación o de los medios públicos. El museo internacional de arte contemporáneo en construcción a las afueras de Girona (en la cima estratégica de la montaña de Sant Juliá de Ramis), la colaboración desde 2002 con las excavaciones de Empúries o la reciente restauración de la iglesia de Sant Martí Vell no son más que la punta del iceberg. La lista, de conocerse, sería mucho más amplia y sorprendente.
Elsa Peretti, nacida en Florencia en 1940, era la hija de un acaudalado industrial italiano del petróleo cuando a los 21 años se escapó de casa para convertirse en monitora de francés, natación y esquí en una escuela suiza de chicas de buena familia. Aguantó poco, antes de ejercer de modelo de moda en Milán y en la Barcelona de Bocaccio, a los 25 años. En 1968, a los 27, marchó a Nueva York y se convirtió en diseñadora de joyas para Tiffany, de la que ahora es la diseñadora estrella. En 1969 compró y restauró una masía en ruina en Sant Martí Vell, que se ha multiplicado mucho desde entonces. El premio que reclama la trayectoria y la generosidad de Elsa Peretti es una biografía sustanciosa, no solo un galardón oficial anual.

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