2 oct. 2013

Las orquídeas de Rio de Janeiro, una recomendación excéntrica

Mi hija mayor marcha unos días por trabajo a Rio de Janeiro con la compañía de teatro de Roger Bernat, que gira por todo el mundo más que en casa. Me pide que le recomiende cosas de la ciudad carioca. Mis recomendaciones son poco homologables, pero le digo que mire si permanece abierta la librería Toca do Vinicius en el barrio de Ipanema. Le añado que me gustaría regresar a Rio sobre todo para recorrer de nuevo con la yema de los dedos la sedosidad de les vaginas florales en el orquidario del Jardín Botánico carioca y que el tacto me devolviese la sensación de un recuerdo vivido. Le digo que Rio es
una contradicció hirviente semi-urbanizada, que todo resulta allí más contradictorio que en otras partes y por eso los miradores míticos com el Corcovado o el Pão d'Açúcar muchos días no dejan mirar nada con claridad. Son los días en que vale la pena abandonar la fila compacta de visitantes y desviarse sin hacer ruido hasta una librería única o la paz vegetal del Jardín Botánico, donde el bosque amazónico convive con la miniatura japonesa. Fue uno de los más importantes del mundo y sigue siendo uno de los más bellos, pese a que la insolente vitalidad con que crecen todas las especies se vea diluida por la precariedad del presupuesto de mantenimiento.
Los fines de semana acuden muchas familias y se organizan conciertos con la misma espontaneidad con que crecen las plantas. Fue un punto estratégico mundial al ser creado en 1808 para aclimatar las especies procedentes de las Indias Orientales, en su camino hacia las metrópolis europeas. Una de sus joyas es el orquidario, construido en estructura de hierro y vidrio, copia de los grandes invernaderos ingleses. La colección acoge 3.000 ejemplares de 600 especies de orquídeas, la mayoría autóctonas brasileñas y otras exóticas o híbridas. Los turistas no se aglomeran.
El término griego orkhis significa testículos y fue adoptado por el filósofo Teofrasto para comparar las raíces tuberosas de una flor de bulbo como la orquídea con la forma de los testículos. Tal vez por eso quedaron relacionadas desde la Antigüedad con determinadas calidades afrodisíacas o también satánicas. Viejas leyendas afirman que las brujas usaban raíces de orquídea para preparar pócimas destinadas a despertar pasiones. Los herbarios las llamaban ya el siglo VII Satirias, en referencia al mito griego de Sátiro. El cultivo y cruzamiento de orquídeas se ha convertido en un refinado fanatismo. El orchidelirium ha sido abrazado a lo largo del mundo por coleccionistas enfervorecidos, que peregrinan a congresos convocados en lo cuatro puntos cardinales. Quizás podemos dejarlo en orchideario, que es la palabra primitiva que subsiste grabada en el frontispicio de este reputado recinto carioca.
La belleza de la orquídea y su perfume solo tienen una función natural: llamar la atención de los insectos para ser fecundadas. La mayoría de las demás flores les atraen con el néctar, las orquídeas con la belleza de formas, como mucho con una vaga fragancia. El cáliz de cada una está formado por tres sépalos externos y tres pétalos internos, dos círculos de carnosas hojas concéntricas que rodean a la coluna central formada por la fusión dels estambres (órgano de reproducción masculino) y el pistilo (órgano femenino). Es una flor hermafrodita, reúne a los dos sexos en una sola estructura, será por eso que le atribuyen las más altas manifestaciones de inteligencia vegetal, de ingeniería botánica, de elegancia formal… El pétalo mayor destaca por el contorno labriforme, en forma de labio, destinado a despuntar en la atracción de los insectos polinizadores.
De aquella utilidad fundacional del Jardín Botánico carioca como espacio de aclimatación de especies exóticas a medio camino entre Oriente y Europa ha quedado uno de los escasos parques urbanos de grandes dimensiones todavía no estrangulado por los coches y edificios de Rio, una válvula de escape de la ciudad de los 6 millones de habitantes declarados y 8 millones más en la provincia. La importancia del recinto es un vestigio de las funciones asociadas a la antigua capitalidad del imperio portugués y, acto seguido, del Brasil independiente. Ahora Rio ya no preside nada, tan solo la magnitud de sus bellezas y sus contradicciones, entre las que recomiendo a mi hija mayor el viejo orquidario con un deje de remordimiento por la excentricidad. La versión new age es el inmenso jardín botánico de Inhotim, con parque de esculturas de vanguardia, abierto por el millonario Bernardo Paz desde 2006 a 60 km de Belo Horizonte, con una tendencia casi natural al gigantismo que el viejo orquidario carioca ahorra. Eu sei que vou te amar, por toda a minha vida vida eu vou te amar

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