11 ago. 2016

Desmontan las torres eléctricas en las Guilleries, una falsa buena noticia

Algunos diarios presentaron ayer textualmente como “una buena noticia para los amantes de la naturaleza” que 74 torres eléctricas serán desmanteladas a lo largo de 18 kilómetros en el macizo de las Guilleries y la sierra de Collsacabra. Debe ser atribuible a que durante el mes de agosto proliferan en las redacciones los becarios sustitutos y una cierta relajación estacional. La misma noticia añadía de puntillas, como de paso, que el trazado desmontado se incorpora a la Línea de Muy Alta Tensión (MAT), cuyas torres son mucho más altas, aparatosas y desfiguradoras del paisaje que las antiguas tanto en las Guilleries y Collsacabra como en el Ripollés, Osona, la Selva, el Gironés y el Empordà. En realidad la de ayer no era ninguna “buena noticia
para los amantes de la naturaleza”.
En 2011 entró en servicio el primer tramo de la MAT de 86 km entre Sentmenat (Vallés Occidental), Vic (Osona) y Bescanó (Gironés), con nuevas torres descomunales de 55 metros de alto y 10 de ancho en la base. En 2014, el segundo tramo de 44 km entre Bescanó y Santa Llogaia d’Àlguema (Alt Empordà), construido en un tiempo récord de 18 meses. Un total de 400 propietarios fueron expropiados en este segundo tramo para dar paso a las monumentales torres metálicas de nueva factura. 
En cambio los 60 km restantes entre el Alt Empordà y Baixàs (cerca de Perpiñán) fueron soterrados en zanja de hormigón y, en la frontera, a través de un túnel paralelo al del AVE. Se satisfacían así las recomendaciones europeas y también las numerosas protestas, de modo que este tercer tramo de la MAT en el paisaje fronterizo recibió mayor consideración que el abrumador trazado aéreo de los otros dos. 
El primero contó con un presupuesto de 100 millones de euros. El segundo, 66 millones. El tercero, soterrado, 700 millones, cubiertos con 225 millones de subvención de la Unión Europea y un préstamo de 350 millones del Banco Europeo de Inversiones. 
Entender la necesidad de la nueva línea de Muy Alta Tensión conectada con Francia sigue siendo tan opaco como la factura de la luz que cada ciudadano recibe puntualmente. El suministro de electricidad es un servicio público básico explotado por compañías privadas que se han convertido en grandes grupos económicos, sometidos a una regulación gubernamental tan laxa y bajo sospecha como la del Banco de España con respecto a los bancos que debe regular. 
Las compañías argumentaron que la construcción de la MAT era indispensable para asegurar el suministro de Girona, la Costa Brava y el tren AVE, como una servidumbre lógica de la vida moderna. En realidad respondía a la directiva europea que obliga a los países miembros a estar enlazados en un mínimo de 10% de su capacidad de consumo, aunque la MAT solo garantiza el 6%. 
El carácter altamente enrevesado de las explicaciones sobre la gestión de la red eléctrica, igual que el contenido de la factura individual que paga cada ciudadano, resulta inadmisible en una sociedad democrática y reclama la misma transparencia que cualquier otro sector estratégico. También es cierto que la opacidad de las compañías eléctricas concuerda escrupulosamente con la de otros sectores estratégicos, dentro de una complejidad deliberada que encubre el lucro de los grandes oligopolios.



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