29 ene. 2017

Las zamburiñas de la Ría de Arousa o la absolución de los pecados

La pandilla de amigos hemos convenido que nos hallamos empujados a una época de precariedad y, si queremos sobrevivir a los abusos de la oligarquía, debemos movilizarnos para preservar los principios, iconos y tradiciones que nos habían convertido en personas civilizadas. Por ejemplo, ir a pasar unos días a la Ría de Arousa a comer pulpo guisado con fabes y gambones, así como marisco del más fresco y bien de precio. Nos hemos instalado en La Pobra do Caramiñal, villa de arenales fecundos en valores eternos como las zamburiñas carnosas y vibrátiles, criaturas bivalvas de la más alta consideración que aquí se alimentan del mejor fitoplancton. Antes de pasar a los placeres que aun no son prohibidos ni prohibitivos, me han
querido dar a conocer algo de Galicia, la única comunidad autónoma gobernada con mayoría absoluta del PP, la tierra de Franco, Fraga, Rajoy y a la vez de la gran poetisa Rosalía de Castro, del diputado republicano fundacional Daniel Rodríguez Castelao (autor de la sentencia “El gallego no protesta, emigra”), del fabricante de ropa de moda que posee la primera fortuna de España, de la catástrofe ecológica provocada por el petrolero Prestige en 2002 que hace resonar el “Nunca mais”, de la plaga del narcotráfico en una Sicilia nórdica y celta, de los actuales alcaldes de la nueva izquierda alternativa En marea en las tres capitales (Ferrol, A Coruña, Santiago) y de los primeros banqueros que acaban de ingresar en la cárcel por la quiebra de las cajas de ahorro desde que estalló la crisis financiera y los recortes.
Así, pues, antes de pasar al marisco me han notificado que Galicia tiene prácticamente la misma extensión que Catalunya, pero tan solo 2,8 millones de habitantes. Una tercera parte de los días del año no llueve. Me han enseñado que el orvalho y el orujo son dos lubricantes. La flota pesquera gallega es la primera de Europa, pero muchos gallegos han tenido que emigrar. La primera ciudad de Galicia sigue siendo Buenos Aires. 
También me han hecho aprender el calendario y la escala zoológica básica. En primavera cigalas, ostras y almejas vivas. En verano bogavante, langosta, mejillones, percebes y navajas. En otoño zamburiñas, vieiras y gambones. En invierno más zamburiñas, centollo y nécoras. 
Dentro del marisco se incluyen los moluscos (navajas, almejas, ostras, mejillones, pulpo), los crustáceos (langosta, bogavante, cigalas) y algunos equinodermos (erizos de mar). En el capítulo del pescado, en invierno corremos tras la lamprea, una exquisita serpiente de mar --como el congrio o la anguila--, que en muchos otros lugares se ha extinguido y aquí no. 
Una vez establecido todo eso, hemos empezado por subir en peregrinación al mirador de la montaña de la Curotiña para obtener una visión de conjunto. Nos hemos apresurado a bajar para acudir al aperitivo de mejillones en el puerto de Palmeiras y a comer bajo la parra del restaurante Xanxo. Al día siguiente lo hemos hecho en el restaurante Viana do Prior y el tercero en Casa Manolo, sin contar los aperitivos en el bar Vapor, en la terraza Chicolino o en el bar La Tertúlia. 
A cada sobremesa hemos brindado con un orujo que alivia la conciencia como si fuese la absolución de los pecados. Y al tercer día hemos regresado a casa contentos, reasegurados en la necesidad inaplazable de movilizarnos si no queremos sucumbir.

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