18 dic. 2017

Sí, no se puede discutir, somos algo fenicios

Aun se usa de forma tendenciosa el calificativo de ”fenicio” para designar algunos comerciantes espabilados, incluso usureros. La leyenda y el estereotipo se ha atribuido algunas veces a los catalanes. En este caso tiene un fundamento real, aunque no sea el que creen los practicantes de prejuicios. Fenicia era la región litoral de la actual Siria, Líbano y Palestina, habitada desde el tercer milenio antes de nuestra era por tribus semitas. Los griegos denominaron aquella región levantina Phoiniké –de donde deriva Fenicia-- y a sus sus habitantes fenicios o “gente de la púrpura”, por el color rojo púrpura o phoinix del cotizado tinte que inventaron a partir de la caparazón de un crustáceo. Más allá del rosario de
activas ciudades portuarias (Tiro, Sidón, Biblos, Ugarit), los fenicios no asentaron un país tan políticamente cohesionado como Egipto. Sin embargo aportaron elementos esenciales, como la invención del alfabeto de 22 letras, que fue adoptado por los griegos.
Los navegantes fenicios procedentes de la ciudad de Tiro se instalaron desde el año 1100 aC en Cádiz, puerto neurálgico para el comercio de les metales del sur de Iberia. En la orilla de enfrente fundaron Cartago (actual Túnez) el año 814 aC. Desde allí empezaron a mercadear por todo el Mediterráneo ibérico, aunque no se instalaran en el litoral hoy catalán (sí lo hicieron a partir del 654 aC en Ibiza, con función más militar que económica). 
Los primeros navegantes que se afincaron aquí fueron los griegos foceos, en Empúries a partir del año 600 aC, cuatro siglos antes que los romanos. Los iberos ampuritanos que aceptaron la presencia de los forasteros griegos en su territorio ya conocían aquel tipo de comercio por mar, por sus contactos anteriores con fenicios y etruscos. 
La rapidez de la expansión de los griegos foceos en este extremo del Mediterráneo se debió precisamente al vacío que acababan de dejar los navegantes fenicios a raíz de la caída de su ciudad madre de Tiro a manos del emperador babilónico Nabucodonosor el año 573 aC, derrota que provocó una crisis de la talasocracia o pujanza comercial exterior fenicia.
La caída de Tiro también causó de rebote el fortalecimiento de su colonia occidental de Cartago, cuyo expansionismo entró pronto en conflicto con el de Roma, con impacto directísimo en el territorio de Iberia. La guerra entre los antiguos fenicios de Cartago y Roma llevó a la instalación definitiva de los romanos en Iberia, a la que rebautizaron con el nombre de Hispania y procedieron a colonizar. 
El otro día aun leí en el diario una entrevista con la profesora Maria Josep Estanyol, autora de un diccionario de la antigua lengua fenicia y autoridad mundial en la materia desde el viejo caserón de la Plaza Universidad barcelonesa, quiero decir la Facultad de Filología de la UB.

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