14 jul. 2018

Hoy es el “14 Juillet”, fiesta grande de nuestros vecinos de arriba

Hoy es el 14 Juillet, fiesta nacional de nuestros vecinos de arriba. A primera hora me han entrevistado en el programa “El suplement” de Catalunya Ràdio a raíz de mi reciente libro Breu història de França explicada als catalans. No es fácil resumir la historia en unas cortas frases, por eso escribí un libro, aunque deba intentarse. El escandaloso lujo de la versallesca monarquía borbónica convivía con la miseria acentuada de la población y con el movimiento de la Ilustración, en cuyo seno emergía la burguesía que se sentía atenazada por las viejas estructuras. El fermento ideológico de la Ilustración resultó decisivo, pese a implicar solo a una pequeña minoría pensante. En Francia el 70% de la población como mínimo era analfabeta y se expresaba en la lengua regional de cada lugar, no en el francés de los ilustrados. El rey Luís XVI de Borbón se encontró
con una situación financiera catastrófica. Para explorar alguna solución, tuvo la mala idea de convocar el mes de mayo de 1789 en Versalles unos Estados Generales, la asamblea de 1.400 representantes de todos los brazos sociales.
La reunión, como se podía prever, resultó tempestuosa. Una parte de los delegados se constituyó “por voluntad del pueblo” en Asamblea Nacional soberana y se juramentó a no salir hasta haber dado una Constitución al reino, a la vez que votaban el fin de los privilegios señoriales. 
El rey dejaba hacer, no se pronunciaba, hasta que el 14 de julio el pueblo de París --con alta participación de mujeres-- tomó la fortaleza de la Bastilla, se congregó en Versalles y llevó al rey por la fuerza al palacio de las Tullerías, en París, sin destronarlo, tan solo para que se implicara en la situación. La Asamblea Nacional proseguía con la labor constituyente: nacionalización de las propiedades del clero, estructuración del país en nuevos departamentos, igualdad ante los impuestos. El 26 de agosto aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, carta magna de la superación del feudalismo. 
Al rey no le quedaba más remedio que mirárselo, en ausencia de fuerza militar suficiente –interna o externa— para contrarrestar la presión del pueblo en armas. El 20 de junio de 1791 cometió el error funesto de huir clandestinamente de París para unirse a una de las guarniciones de tropas realistas. El pueblo le hizo regresar por el pescuezo a París, donde fue encarcelado. El 20 de abril de 1792 el gobierno revolucionario declaró la guerra a Austria, quien conjuntamente con Prusia hostigaba a Francia para retornar el rey al poder. 
El pueblo armado --y la disentería declarada entre las tropas prusianas-- ganó la batalla de Valmy frente al ejército germánico, considerado entonces el mejor preparado. El 21 de enero de 1793 el rey fue declarado culpable de connivencia con el enemigo y guillotinado a la Plaza de la Revolución, hoy Plaza de la Concordia. 
La Revolución no consistió solo en difundir unas ideas revolucionarias sobre derechos civiles que hoy parecen elementales, sino que construyó un nuevo aparato del Estado, la República. No solo proclamó, sobre todo aplicó nuevas medidas a lo largo del territorio. En cambio se mostró ferozmente continuista de la monarquía en determinados aspectos, como la política exterior imperial o el centralismo parisino. 
Cambiaron más les ideas, el lenguaje y la forma del régimen que las estructuras básicas de la vida colectiva, que siguieron presididas por las desigualdades, como reconoce Jacques Julliard en su monumental trabajo Les gauches françaises 1762-2012: “La Revolución francesa influyó poco en el curso de la historia económica y social de Francia. Incluso puede defenderse la hipótesis de que los resultados de las mutaciones técnicas y económicas que se producían desde comienzos del siglo XVIII habrían sido los mismos si la Revolución no hubiera tenido lugar”. 
El relato histórico dominante implantado por la República francesa (más bien las Repúblicas sucesivas, ahora van por la quinta) enaltece la fecha del 14 Juillet, pero el debate alrededor de las desigualdades sociales sigue vivo desde 1789, con motivos renovados.

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