20 ene. 2020

El cara a cara genial y dudoso entre Georges Simenon y Josep Pla

El escritor en lengua francesa más divulgado del mundo (500 millones de ejemplares de 500 títulos distintos) no es francés, sino belga. Nunca quiso abandonar la nacionalidad a pesar de vivir en Francia desde los 18 años, antes de hacerlo en Estados Unidos durante una década y en Suiza los 25 últimos años. Declaró: “No todos tienen la suerte de haber nacido en Liechtenstein o en Mónaco; entonces prefiero ser belga, faute de mieux (en ausencia de alternativa mejor), porque no significa nada”. El país pequeño y mal avenido ha producido otras figuras de talla como Maurice Maeterlinck, Henri Michaux, René Magritte, Paul
Delvaux, Marguerite Yourcenar, Django Reinhardt, Claude Lévi-Strauss, Maurice Béjart, Hergé o Folon, la mayoría de los cuales lo abandonó a la primera ocasión. Jacques Brel clamaba: "Ser belga no se explica. Es como las fresas. ¡Explíqueme las fresas! No son un melón, simplemente. ¿Belga? Bélgica es una noción geográfica”.
Pertenecer a un país que no representa nada en especial puede llegar a ser el estadio supremo de la condición de ciudadano libre. Bélgica convierte la imagen llana, el carácter llano, en una comodidad. La persistente sensación de extrañeza frente al carácter belga por parte de los forasteros tan solo aparece cuando no se entiende el valor de su perfil, su carencia de elevaciones y presunciones dictadas por el deslumbramiento de la complejidad. Igual que en la gran obra balzaquiana de Simenon.
Se produce el mismo fenómeno con la condición originaria de periodista de Simenon. Su definición de periodista era clara y adorable: “Un hombre conocedor de la ciencia a acertar un elogio relativamente honesto para cada uno de los histriones ricos de todas las artes, un hombre que se mantiene despierto en los mítines políticos, un hombre que conoce la lengua de los poetas y los tahúres, que toma asiento del mismo modo en la mesa cubierta de flores que en otra tambaleante, un hombre que por encima de todo escribe una o dos columnas sobre un tema del que ignora incluso la primera palabra”.
Todo Simenon fue siempre directo, colosal en su aparente --solo aparente-- sencillez. A Josep Pla le entusiasmaba el estilo sin florituras de la prosa de Simenon. Dice que fue a entrevistarle durante el turbio año 1938 a la isla de Porquerolles, en la Costa Azul francesa. No se ha aclarado si se lo inventó, pero su excepcional descripción de la isla y de la entrevista, inventada o real, se relee con el placer de un gran cara a cara en los Retratos de pasaporte del volumen 37 de la Obra Completa del gran tipo de aquí.

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