16 ene. 2020

No tengo palabras para expresar aquel instante, lo admito

Intento reproducir por escrito la descripción entusiasta que estaba expresando de aquel paisaje en el momento de la foto. Compruebo que no soy capaz. Recuerdo el contenido de las palabras que pronunciaba, sin embargo redactarlas ahora exigiría ajustarlas a unas normas más cojas que decirlas en vivo. La escritura está sobrevalorada, nunca podrá contener la vida y la carne del relato oral, el tono y el ritmo de la voz, la gestualidad corporal que la acompaña. La transcripción de las palabras habladas es un mal menor, en el mejor de los casos. Ya sé que, en general, se habla mucho para no decir nada. También se escribe mucho para no
decir nada, y eso me parece más culpable, por premeditado.
El arte de la palabra sufre una mutación sobre el papel, una rigidez enjaulada, un anquilosamiento inducido por la batería de normas gramaticales y sociales. Escribir no es una traducción pautada de la palabra hablada, es una forma distinta y más coja de hablar. Todo el mundo puede verificarlo mediante una prueba muy simple. Si grabamos con cualquier sistema reproductor y transcribimos sobre el papel de forma literal una conversación exactamente como ha sido expresada en vivo, el resultado será sin excepción un galimatías ridículo y espantoso, por más que la conversación fuese sabia. 
Transcribí de 1993 a 2011 la mayoría de los 64 volúmenes de la colección de libros de conversaciones Diàlegs a Barcelona, con una galería de 128 personajes que explican in extenso su trayectoria y su visión de la ciudad. No solo se me hizo laborioso. También incómodo, dada la manipulación que significaba por mi parte de las palabras pronunciadas por los protagonistas, aunque fuese con la más noble finalidad y con su asentimiento y revisión. 
El lenguaje oral tiene una gramática distinta del escrito. Su riqueza no dispone de transcripción exacta, tan solo vive al aire libre. Transcribir la lengua oral es imposible sin “tunearla”, aunque eso no signifique mejorar la belleza de la palabra pronunciada. La escritura es el sucedáneo de algunas cosas que se expresan en vivo. (Foto Quim Curbet)

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