23 ene. 2020

Elvira Pujol: la primera y última farera del cabo de Creus

En los faros hubo esposas e hijas de fareros que les ayudaban, pero farera titular solo una: Elvira Pujol Font. La conocí cuando debutó en el faro de Sant Sebastià (Palafrugell) en 1980, momento al que pertenece la foto adjunta tomada por el colega Joan Víctor. Acto seguido ganó la plaza del faro de cabo de Creus. Allí vivió durante veinte años seguidos, antes de abandonarlo voluntariamente por el cambio moderno de las condiciones de trabajo. Elvira Pujol Font, nacida en L’Escala en 1950, estudió Magisterio y trabajó en la escuela pública y la privada antes de presentarse en 1979 a las oposiciones de Técnico de Señales Marítimas, los antiguos fareros. Su intención era desde el primer momento solicitar la dura plaza del cabo de Creus, aunque primero tuvo que hacer un largo recorrido de auxiliar, a la espera de que la plaza se encontrara disponible. Logró su sueño en 1982. A diferencia de los faros situados a proximidad de un núcleo urbano, el del cabo de Creus se caracteriza por el aislamiento, los siete kilómetros sin ni un alma que le separan de Cadaqués. También por ser uno de los más atractivos del mundo mediterráneo, por la fuerza del lugar. Vivir ahí en condiciones de
aislamiento personal puede ser muy parecido a cualquier edificio de una gran ciudad.
Antes de la llegada de Elvira Pujol, yo había rondado ya la atracción de este faro y entrevisté a su antecesor desde 1976, Javier Mac Lennan de Arriaga, de ascendencia paterna británica y nacido en el País Vasco el mismo año 1950 que Elvira Pujol. Javier McLenan llevaba dos años, procedente del anterior destino profesional en Tarifa (Cádiz).
Me aseguró: “Yo vivo como un ciudadano normal. Hago mi trabajo. Representa una gran responsabilidad, pero también me deja muchas horas libres. Aquí vivo al ritmo de las estaciones. En verano me paso el día en el agua con esta barca de vela, un velero de regata. En invierno, leo. La cuestión es tener siempre alguna actividad entre manos, de otro modo el oficio puede resultar bastante aburrido. En el faro de Tarifa, el lugar más ventoso de España y la punta más al sur de Europa, no me podía quedar si deseaba ascender a titular. El viento de levante de Tarifa es más fuerte incluso que la tramontana. La tramontana es una bendición: limpia el ambiente y seca esta maldita humedad”.
El problema surgió el 2000, cuando la nueva ley impuesta por los cambios tecnológicos en las comunicaciones y la automatización de los dispositivos declaró a extinguir el Cuerpo de Técnicos de Señales Marítimas, los fareros. Podían quedarse como empleados contratados para revisar de forma itinerante y periódica las instalaciones de varios faros, pero ya no residir en ellos. A finales del 2002 Elvira Pujol decidió abandonar su isla vertical, aquel lugar de iluminación en que vivió los veinte años anteriores con un sentimiento oculto de libertad y privilegio.

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