22 may. 2020

Nina Simone no tiene descartes, todo es bueno, todo es ella

Las multinacionales discográficas adoran revolver el fondo del cajón y el sello Universal acaba de relanzar uno de los discos menos conocidos de Nina Simone con el mismo título que en 1982, Fodder on my wings, grabado durante la última etapa de su vida en Francia. No importa que no sea el material más espléndido, incluso los descartes de Nina Simone constienen su genialidad díscola y contradictoria, su energía insolente e inestable. Es ella. En su infancia se vio marcada por la segregación racial. Cuando a los diez años ofreció el primer concierto al piano en la biblioteca de la ciudad natal de Carolina del Norte, los organizadores obligaron a sus padres a abandonar las primeras filas, reservadas a los blancos. Más adelante cantó en el funeral de Martin Luther King, formó parte de las Panteras Negras y participó en las protestas contra la guerra de Vietnam. Aretha Franklin dijo entonces que Nina era la voz del movimiento negro, lo que cosa no dejaría de pasarle
factura. Nunca quiso que la encasillaran en el jazz o el blues: “Jazz es un término de los blancos para definir la música negra. Yo hago música clásica negra”.
Menos aun que la comparasen con el destino trágico de Billie Holiday durante la generación anterior: “Lo dicen porque ambas éramos negras. Yo quiero que me comparen con María Callas”. Este último deseo la llevó a grabar un de los discos más sutiles de su carrera: Nina Simone and piano, que todavía se escucha con un escalofrío en el espinazo.
Popularizó un puñado de temas que llevan asociado su nombre. Según los gustos de cada cual, se puede elegir “I put an spell on you” o bien “Ain't got no, I got life” o cualquier otro de los suyos que han sido versionados por múltiples intérpretes. Ahora bien, hacer añicos el “Ne me quitte pas” de Jacques Brel y conseguir una obra de arte a la misma altura o por encima del original, eso solo podía hacerlo ella.
Los últimos años residió en Liberia, Suiza y finalmente Francia. Murió en 2003, a los setenta años, en su casa del pueblo de Carry-le-Rouet, cerca de Marsella. Ahora remasterizan uno de sus incontables discos, tan variables como ella.

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