14 may. 2019

Fíjense estos días en los zarcillos nacientes de la viña

Cuando las cepas de la viña empiezan a brotar no admiro solo la forma del pámpano naciente, aunque constituya uno de los perfiles más esbeltos que haya inventado la naturaleza. También pongo atención en los zarcillos, el delicado órgano filamentoso de la viña que crece en paralelo a las hojas y permite que las jóvenes ramas trepen, como para recordarnos que esta planta tan civilizada era en su origen una liana. Los pámpanos representan un prodigio de diseño natural, los zarcillos un milagro igual de necesario. Uno de los estudios más detallados y precoces sobre los zarcillos lo publicó en 1865 Charles Darwin con el título On the Movements and Habits of Climbing Plants (Sobre los movimientos y
hábitos de las plantas trepadoras). La novelista francesa Colette editó en 1908 el conjunto de breves narraciones autobiográficas Les vrilles de la vigne (Los zarcillos de la viña), prosas poéticas sobre el amor por la naturaleza en el pueblo de su infancia en la Borgoña (actualmente reeditado en la colección Livre de Poche al precio de 1,50 € --y esta última cifra no es ningún error).
En el pueblo de Les Gunyoles, agregado a Avinyonet del Penedés, inauguraron en 2014 el invento de los miraviñas. El primero de todos fue bautizado Mirador del Circell (Zarcillo). El nombre no es inocente. Hace referencia a la forma espiral que los diseñadores han dado a la miranda sobre la pauta del órgano prensil, el delgado tallo que permite cada primavera a las ramas de la viña emparrarse alrededor de los tutores dispuestos para que los pámpanos dejen pasar el sol y madurar la uva. La viña es una liana, los zarcillos sus dedos.
La vista panorámica goza de un prestigio exagerado, el infinito permite ver poca cosa. La inmensidad diluye la riqueza de los detalles, el valor de las pequeñas cosas, la importancia de cada pieza. Los grandes panoramas inducen a la vaguedad. Prefiero el contacto táctil con las cepas, los zarcillos, los pámpanos y los sarmientos. Algunas cosas importantes precisan ser vistas de cerca, con la mirada concentrada en la sabiduría de los repliegues más íntimos de la vida, como un pie de viña.

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