17 jun 2021

En Llançà, a la sombra ufana del Árbol de la Libertad

Los tentáculos de la construcción turística se han desplegado frente al mar de Llançà de una forma estentórea, como salta a la vista desde cualquier ángulo de observación. Pocos días atrás aun se manifestaron un centenar de personas contra la nueva urbanización prevista en el pinar situado frente a la playa de la Farella, con tres edificios de 63 viviendas, tres chalets y un hotel. Eso no impide que lo mejor suele hallarse al lado de lo peor en este país tan triturado por la falta de urbanidad del urbanismo. El núcleo antiguo de Llançà, en segunda línea del frente marítimo, dispone de una de les placitas más agradables de la comarca. Se encuentra ante la iglesia parroquial, en un espacio presidido por el ufano Árbol de la Libertad. No podría expresar mejor la acogida que brinda su copa que con las palabras del colega Ramon Iglesias, quien escribía de forma más franca y desinhibida que yo en el Diari de Girona de 2 de febrero de 2020: “Llançà no es un pueblo que me apasione en exceso salvo sus restaurantes. Con una excepción: la plaza y su elegante Árbol de la Libertad, uno de los lugares más complacientes de la comarca para sentarse en la terraza del bar y hacer vida contemplativa con un café, admirando el majestuoso árbol, la iglesia de Sant Vicenç y la imponente torre del Abad. Puedo pasar largos ratos sentado contemplando este plátano que fue plantado por primera vez durante la Revolución Francesa y que al final de la Guerra Civil salvó mosén Trigàs. Un pelotón de militares fascistas recorrían la comarca eliminando todos los símbolos republicanos. A su llegada a Llançà el cura impuso su graduación militar para frenar el hacha de los malhechores franquistas. Bajo las hojas de este árbol frondoso se tiene una profunda sensación de libertad”.
Queda dicho y rubricado, con el mérito añadido de su capacidad de síntesis.


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