Nunca he encontrado la forma de entristecerme en Venecia ni se me ha ocurrido ambientar en ella ningún desengaño. La ciudad me ha impelido más bien a explorar la vida con la energía de su belleza, con la fuerza de su excepción. Me empacha la literatura decadentista que le ha caído, la llorera de los estetas, la musiquita de los mitos melancólicos. "Que c'est triste Venise au temps des amours mortes", cantaba Aznavour. A mi no me lo ha parecido nunca, ni siquiera cuando he paseado en ella mis amores muertos. Me
