La tarea excelsa de apurar cada uno de los 28 huesos contados de un pie de cerdo bien cocinado es una devoción que me arrastra de vez en cuando, impelido por la adhesión –-y la adherencia— a una sólida, inquebrantable fe en la delicia excepcional de ese plato. Ahora bien, unos pies de cerdo bien guisados, en su integridad, son cada día más difíciles de encontrar. En cambio, recuerdo los pies de cerdo con mejillones de la fonda Cal Parent de Besalú, los pies de cerdo al moscatel del Hostal del Castell del Montesquiu, los pies de cerdo con almejas del restaurante Canet de Sarrià (Barcelona), los sublimes pies de cerdo con