Antes íbamos a bañarnos a las soledades de Cala Estreta por el camino de bosque que arranca sobre el Golfet de Calella de Palafrugell. El baño de bosque era el preludio de la zambullida. En el pinar reseco del verano los grillos orquestaban una melopea aparatosa y familiar, un cri-cri incesante, infatigable, que nos hacía compañía. Nunca más he escuchado el canto coral de los grillos tan entusiasta como en el bosque de Cala Estreta. Tan solo puede parecer frenético y exasperante a espíritus turbados, los demás lo asociamos a la música viva y despierta de la naturaleza. La pista de tierra que serpentea durante 4,2 km desde el ramal del castillo de Cap Roig en Calella de Palafrugell hasta la amplia playa del Castell en Palamós no es exactamente
