La historia no es más que la ciencia de contar historias, un acuarelismo de “corta y pega” reciclado, reelaborado y escasamente inocente para reconstruir el pasado a la conveniencia de cada momento. No se suele aprender en los libros. Se incrusta en el imaginario colectivo a través de la escuela, los medios de comunicación, el pozo de las leyendas, las estampas de las versiones dominantes y sus prejuicios. El método científico de los historiadores profesionales tampoco garantiza gran cosa: la publicación en 2011 del Diccionario biográfico español por parte de la docta y cejijunta Real Academia
