No tengo nada contra las familias que celebran felizmente la Navidad. Al contrario, les deseo que lo puedan hacer en paz en y alegría durante mucho tiempo. Tampoco tengo nada contra el hecho de que El Corte Inglés proclame con insistencia y hegemonía que le gusta la Navidad. Tiene una cierta lógica, cada cual hace su trabajo. Otra cosa diferente es la manipulación emocional del espíritu navideño con doble o triple ración de melaza, la infantilización amerengada de los buenos sentimientos naturales o la imposición de la unanimidad de la fiesta a fuerza de olvidar que cada uno la celebra como quiere y como puede. Frente a navidalópatas compulsivos, los navidalófobos tienen iguales motivos para merecer comprensión y respeto. Como si aun
