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3 jun 2015

La escapada irrenunciable a Sunion, inmune a los recortes de los tramposos

En Atenas siempre que puedo me escapo a Sunion. En esta ocasión lo he cumplido con mi hija. Desplazarse de la capital griega hasta Delfos, Epidauro, Micenas o Corinto requiere todo el día, escaparse a Sunion es una evasión furtiva más corta y esencial, conciliable con otras obligaciones. Pisar de nuevo las ruinas del templo de Poseidón en cabo Sunion, asomado a las azulísimas aguas del golfo Sarónico, permite contemplar el barniz de los siglos sobre una de las luces más vivas del Mediterráneo, sentir el efecto físico del contacto de la belleza superviviente a la intemperie (con la parte sublime y también la parte perdida, la armonía al lado del caos y la contumacia). También permite recitar de nuevo a media voz en este punto preciso el jugo de oro