Begur es un pueblo de colinas bruscamente asomadas al mar que forman, en el estremecimiento de su zambullida, algunas de las calas de roca más afortunadas de la Costa Brava: Sa Riera, Sa Tuna, Fornells, Aiguablava, Aiguafreda... La más alta de esas colinas es Puig Son Ric (325 m). Ayer subí en un acto expiatorio, acompañado por el autor del artículo “He regresado a Son Ric”, escrito el año 2003 en la revista begurense Es pedrís llarg. Se trata de uno de los miradores más emotivos del sentido melódico, del aura y el fulgor de este paisaje del mar y la cazuela de Begur. Ofrece una cosmovisión precisa, un burbujeo fervoroso del derecho innato a la belleza, que debería verse