La rapidez contrita con que el primer fabricante mundial de coches y símbolo de la legendaria eficacia técnica alemana ha asumido haber hecho trampas con el sistema de medida de emisiones contaminantes instalado en sus vehículos pretende encubrir otro escándalo más general: todo el sistema industrial del mundo hace la misma trampa, con la complicidad de gobiernos y autoridades reguladoras. La lucha contra la contaminación atmosférica, contra la polución urbana derivada primordialmente de las emanaciones industriales y automovilísticas, se ha convertido durante
