Este artículo también se ha publicado en Eldiario.es, sección Catalunya Plural
La gente se suicida porque le da la gana, y punto. Mi jefe de sección en la redacción del diario donde trabajaba nos tenía prohibido calificar por escrito ninguna muerte de suicidio, aunque lo fuese. Lo dictaba una moral que nunca llegué a entender, según la cual el suicidio era un asunto estrictamente privado, una decisión personal que no debía ser estigmatizada –ni siquiera calificada-- con la palaba que la define. La palabra estaba proscrita. Tengo la impresión de que aquella proscripción se sigue manteniendo. Desconozco
La gente se suicida porque le da la gana, y punto. Mi jefe de sección en la redacción del diario donde trabajaba nos tenía prohibido calificar por escrito ninguna muerte de suicidio, aunque lo fuese. Lo dictaba una moral que nunca llegué a entender, según la cual el suicidio era un asunto estrictamente privado, una decisión personal que no debía ser estigmatizada –ni siquiera calificada-- con la palaba que la define. La palabra estaba proscrita. Tengo la impresión de que aquella proscripción se sigue manteniendo. Desconozco
