Cada vez que miro esta bella y sagaz foto reciente --que no saqué yo pero de la que formo parte-- siento el mismo placer que experimenté el otro día en el momento de brindar y beber la copa de “petit banyuls” en el mejor lugar para hacerlo. Algunos rituales no deben perderse por nada del mundo, pertenecen al patrimonio genético, a la eternidad de la tradición pagana que induce una levitación natural, a la dimensión mítica del tiempo y el espacio destinada a resistir, esperar, suavizar, consolar mediante unas gotas de realidad debidamente valoradas en la copa como símbolo de una universalidad precisa y localizada. Expresan la sonrisa de la cultura entendida como arte de vivir, reflejan el oro viejo de una moral civil impregnada de belleza territorial, premian la búsqueda
