El portal de mi casa incluye una entrada de parking de vecinos que deja libre un espacio lateral a cubierto. Ahí se instalaban los sin techo. Dormían sobre cartones, parapetados con sus escasas pertenencias. Algunos parecían más resignados, otros más tocados por el desequilibrio o la cólera. No pedían nada, más allá de lo que su sola presencia pedía a gritos. Cruzábamos la mirada más de una vez al día. El sin techo residente a la entrada del parking de casa se evaporaba al cabo de unos días o unas semanas y su lugar era ocupado por otro. Ahora hace tiempo que no instala ninguno. La política municipal de asistencia social debe surtir
