La belleza y la vejez del ciprés alcanza la máxima expresión como camino humilde y a la vez triunfal que conduce con gran inteligencia escenográfica a la iglesia de San Biagio, en las afueras de Montepulciano, una obra maestra del Renacimiento debida al arquitecto Antonio Sangallo el Viejo, un milagro artístico del Cinquecento toscano, de una dicción estilística y volumétrica extraodinariamente nítida. Su armonía de líneas y la grandiosidad de proporciones se ve realzada por el hecho de encontrarse a cuatro vientos en de la soledad de un prado, en un solo bloque compacto recubierto por una calma soleada y provincial, rodeado de instintos plácidos y viables que parecen dormir el dulce sueño de los angelitos rurales. El edificio se inspira, a más pequeña escala, en el proyecto del
