La crueldad inhumana del recibimiento de la nueva oleada de refugiados procedentes de la guerra de Siria en el campo de concentración de la isla griega de Lesbos y la decisión de cerrarles las fronteras de la Unión Europea recuerda en algunos aspectos lo que nuestro país vivió en carne propia el año 1939 en los campos de concentración de refugiados republicanos de las playas desnudas de Argelés, Saint-Cyprien y Le Barcarès el pleno mes de febrero, sin ninguna instalación de abrigo durante las primeras semanas. Más de 200.000 civiles y 250.000 soldados que se dirigieron aquellos días a la frontera del Pirineo catalán
