Ser introvertido, reservado o retraído es una característica de la personalidad que hasta hoy se ha visto desconsiderada con frecuencia en un mundo que admira la exuberancia, el ruido y la rapidez, aunque sean superficiales o sobre todo si lo son. Ser introvertido no es lo mismo que ser tímido, vergonzoso, débil, poco sociable ni menos aun solitario, indolente o soso. Representa una estrategia de supervivencia tan legítima y eficaz como la otra. Los introvertidos podemos ser igual de afectuosos y participativos que los extrovertidos que se llevan la palma en los encuentros sociales con su desparpajo. Simplemente, si podemos elegir, preferimos la distancia corta más que el escenario, un grado de lentitud reflexiva por encima del exabrupto, incluso la calidad de algunos murmullos y silencios por encima de la palabrería. Todo eso lo teníamos asumido, pese a costarnos ser aceptados sin que nos confundan. Pero faltaba que una escritora norteamericana como Susan Cain lo convirtiese en el
