Las sardinas frescas preparadas a la brasa o a la plancha intuyen de algún modo, una vez colocadas en el plato, en qué grado apetecen a quienes se disponen a comerlas. Incorporan y gratifican el deseo que ponemos quienes las valoramos como uno de los pescados más exquisitos en determinados momentos del año como el actual, en particular si nos situamos a orillas del mar. Ayer acudimos con amigos a visitar al pintor Carles Bros en su tienda-taller del puerto de Llançá, después de zambullirnos y dar unas brazadas en la playa de Gola. Una de las cosas que le preguntamos, entre otras cuestiones sobre su obra, era dónde podíamos comer por allí unas buenas sardinas. El puerto de Llançá es un foco de acreditados