No me he podido aguantar estos días de preguntarme por qué todos los partidos parlamentarios, de allá y acá, se abocaron con tanto despliegue en el Congreso de Diputados a un debate que sabían de antemano, con rara unanimidad, que no serviría de nada. Tras dedicar a mi pregunta unas horas probablemente excesivas de seguimiento informativo, lectura y reflexión, deduzco que lo hicieron porque les servía a cada uno para su campaña electoral, al margen de la inutilidad práctica sobre la cuestión concreta. Dentro de ocho semanas
