En pleno apogeo de la enfermedad moral del puritanismo, el novelista y poeta inglés D. H. Lawrence fue un vitalista inclinado a las pasiones carnales y la ternura, a escrutar y describir con franqueza y un cierto estupor el papel del deseo sexual en las relaciones humanas. Naturalmente, se exilió en Italia, México y el sur mediterráneo de Francia, donde murió en 1930, a los 44 años. Sus libros fueron prohibidos por la iglesia y los tribunales, sobre la base de un concepto filisteo, impúdico y aberrante de obscenidad. Ahora la editorial Alba acaba de publicar una nueva traducción íntegra
