Después de casi nueve años de obras y una inversión de 80 millones de euros, el mercado de Sant Antoni se ha convertido en rutilante joya de la corona, el más moderno sin dejar de ser histórico de la activa red de 39 mercados de barrio de la ciudad. Con buen criterio, el Ayuntamiento ha concertado con las asociaciones de comerciantes la reducción de bares en el interior del mercado: de diez que eran antes a solo tres actualmente. El pasado sábado acudí dispuesto a desayunar de tenedor. El más amplio de los tres, anexo a la bacaladería Masclans, estaba cerrado. El bar Casa Blanca de Sergi Larregola, con ocho empleados que no daban abasto, no ofrecía nada de plato que me
