Cada biblioteca pública es un centro cívico, un bastión cultural, una pequeña revolución. Hay más de 300 en Cataluña y superan los 20 millones de usuarios anuales. Solo en Barcelona, más de la mitad de los ciudadanos poseen carnet de la red de bibliotecas públicas y las califican como uno de los equipamientos mejor valorados. La madre de todas, la Biblioteca de Cataluña, se ha renovado como las demás con una vitalidad envidiable, pero acaba de cumplir cien años de actividad con nubarrones muy oscuros. Quizás por eso ha pasado de modo tan discreto el aniversario de una institución pública que debería llenar de orgullo y que