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8 jul 2017

La carnosidad de un buen habano, desde antes de encenderlo

Muy, muy, muy de vez en cuando aun fumo un habano, más que nada para que no se pierda la costumbre. Me gusta desde antes de encenderlo, sobre todo antes de encenderlo. La ilusión de la pasión se enciende siempre antes de prenderle fuego, un instante que generalmente significa el inicio de su extinción. Primero de todo, la vistosidad de un buen habano presenta entre los dedos una carnosidad evidente, conseguida mediante un largo proceso manual de habilidades de elaboración, una escala de tonalidades tan solo comparable con el bronceado de la piel humana. De entrada, un buen puro se hace mirar. El tacto supera acto seguido la satisfacción de la vista, sobre todo cuando la turgencia del puro también es mérito del propio fumador, que ha