31 dic. 2012

La demografía, una ciencia de susto

Desde el mes de octubre somos 7.000 millones de habitantes en el planeta Tierra y los expertos en demografía calculan que superaremos los 9.000 millones el año 2050. Se trata del crecimiento más vertiginoso en toda la historia de la humanidad. Dado que un millón y medio de los actuales humanos pasan hambre y que el incremento de población se produce sobre todo en los países pobres, dentro del círculo vicioso de la miseria, los mismos expertos anuncian que las necesidades alimentarias crecerán el 70 % respecto a las de hoy, si pretendemos que todos coman algo, sin hablar del derecho a la educación y otros
servicios básicos. Pero resulta que el rendimiento medio de las tierras cultivadas ha caído a la mitad desde 1960, por el agotamiento de los recursos naturales y el calentamiento global.
Apenas dos mil años atrás, en el año 1 de nuestra era, la población mundial estimada era de unos 200 millones de personas. Creció de forma lentísima, hasta alcanzar los mil millones el año 1804, una cifra que en tan solo dos siglos hemos septuplicado. En cambio en los países desarrollados la demografía cae. La reducción de su población coincide con la crisis económica y la prolongación de los años de vida gracias a los progresos médicos, lo cual equivale a cada vez menos gente en nuestras latitudes, de mayor edad y más pobre.
En los próximos cuarenta años la población mayor de 64 años duplicará en el conjunto de España y alcanzará el 37 % del total. De cada diez personas en edad de trabajar, siete se encontrarán posiblemente inactivas, por edad o por paro forzoso, una previsión que esgrimen com espantajo los partidaris de desmantelar la protección social que representan las pensiones públicas de jubilación, pagadas a lo largo de la vida de cada contribuyente a través de las retenciones sobre sus ingresos. 
En Cataluña uno de cada cuatro niños nacidos el año pasado fue hijo de mujeres extranjeras, quienes no solo contribuyen a la economía local sino también a sostener la declinante demografía. El resultado de todas estas ecuaciones reales es ligeramente apocalíptico. El año 2050 yo no estaré, pero mis hijos deberán enfrentarse a importantes adaptaciones sociales. Educarse y gobernarse también sirve para eso.

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