30 abr. 2013

“Torroella, vila vella” ha rejuvenecido mucho

Ayer se presentó el programa de la próxima edición del Festival Internacional de Música de Torroella de Montgrí, que se celebra desde 1981 con altísimo nivel de calidad. Representa una joya de la corona del país, en un lugar que a comienzos del siglo XX seguía siendo una triste villa feudal, cuando en otros municipios gerundenses vecinos la industria de los tapones de corcho ya había introducido un visible cambio de estructura social y de mentalidades. La imagen caciquil y el tufillo rancio impregnaron durante largo tiempo la “Torroella, vila vella”… Ahora, con apenas 11.000 habitantes, cuando les prósperas villas corcheras
vecinas tienen que confiar en el turismo de temporada casi en régimen de monocultivo, Torroella de Montgrí dispone de un consolidado festival internacional de música que ha transformado su vida economico-cultural y que el próximo verano inaugura las flamantes instalaciones del Espai Ter.
También dispone de un moderno sector agroalimentario alrededor de la experiencia acumulada en producción y comercialización de la manzana, un Museo del Montgrí y el Bajo Ter renovado en 2003 en la señorial Casa Quintana, frente por frente de la Biblioteca Municipal Pere Blasi inaugurada en 2007; un Parque Natural del Montgrí, Islas Medas y Bajo Ter creado en 2010 (al menos sobre el papel oficial), una fundación privada animada en la Casa Galibern por el bisnieto mecenas Ramón Mascort, una reputada librería como El Cucut y, como última incorporación, la asociación cultural Aenigmalia abierta por la hija inglesa del profesor, poeta y crítico literario Joan Ferraté. Incluso las simbólicas casas solariegas del último noble son hoy un céntrico hotel de época (el Palau del Mirador) y una de las sedes de la Fundación Vila Casas (el Palau Solterra).
El ambiente de Torroella de Montgrí ha dado un vuelco. Tan solo la imagen familiar del macizo del Montgrí y la silueta del “obispo yacente”, que son la clave de bóveda del Ampurdán, siguen presentando el mismo color vivo de “tórtola y tomillo” que detectó Josep Pla. Todo lo demás ha adoptado otro tono.

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