25 feb. 2014

George Clooney se desvía ligeramente de película y de epopeya

El actor norteamericano George Clooney, residente en Italia, se habría ahorrado alguno de los 72 millones de dólares de presupuesto de la última película que dirige e interpreta, “Monuments Men”, si en vez de escoger la historia del rescate del tesoro de obras de arte escondido por los nazis en retirada en la mina de sal austríaca de Altaussee al final de la Segunda Guerra Mundial se hubiese decantado por una epopeya muy similar, pero de mayor alcance todavía, como fue la evacuación de las obras del Museo del Prado por la frontera pirenaica franco-catalana al final de la Guerra Civil. Los bombardeos franquistas sobre el Museo del Prado aconsejaron desde noviembre de 1936 al gobierno republicano trasladar a Valencia todo
su patrimonio artístico, así como el del Museo Arqueológico, del Escorial, la Academia de San Fernando, el Palacio Real y el palacio de Liria. En una segunda etapa, a finales de 1938, el delicadísimo cargamento fue conducido a cuatro depósitos cercanos a la frontera francesa: el Castillo de San Fernando de Figueres, el castillo de Peralada, el municipio de Darnius y el sofisticado búnker subterráneo de tres plantas y cámara acorazada en la mina de talco Canta de La Vajol (Alto Ampurdán). Este último lugar albergó asimismo el oro en lingotes del Banco de España y el tesoro en joyas y objetos de valor acumulado como patrimonio del Estado por confiscación o donación, después de un primer período almacenado y vigilado en las minas de La Algameca, utilizadas a la vez como polvorín cerca del puerto de Cartagena.
La apresurada evacuación a Francia del tesoro artístico fue objeto de negociaciones de última hora en Perpiñán el 2 de febrero de 1939 entre los delegados del Comité Internacional para el Salvamento de los Tesoros Artísticos Españoles (integrado por 12 directores o delegados de los principales museos del mundo) y el ministro republicano Julio Álvarez del Vayo. El acuerdo se firmó el 3 de febrero en el castillo de San Fernando de Figueres, el mismo día que los bombardeos franquistas destruían la central eléctrica de la ciudad y afectaban a los sótanos del castillo donde se guardaban una parte de los cuadros.
 El traslado a Francia se llevó a cabo del 4 al 9 de febrero de 1939, a bordo de 71 camiones cubiertos con lonas, conducidos por soldados españoles. El 4 de febrero los siete primeros camiones, procedentes del castillo de Figueres y de La Vajol, cruzaron por El Pertús. El presidente Manuel Azaña escribió en sus memorias que los escuchaba pasar de noche bajo la ventana de su última residencia y que cada uno de ellos que cruzaba la raya le sacaba un peso de encima. Al día siguiente franquearon la frontera 22 camiones más, procedentes de los depósitos de Peralada y La Vajol. Los días 6 y 7 de febrero la operación tuvo que ser suspendida debido a los bombardeos franquistas sin tregua, pese a las insistentes gestiones desde París del pintor Josep M. Sert con el gobierno franquista de Burgos para que cesaran temporalmente los ataques aéreos por respeto a aquel cargamento.
Los informes diarios de operaciones del Estado Mayor del Aire del ejército franquista atestiguan que los bombardeos y ametrallamientos aéreos sobre la zona comprendida entre Figueres y los pasos fronterizos pirenaicos se incrementaron durante las fechas del transporte del tesoro artístico y del éxodo de centenares de miles de republicanos, hasta convertirse en ininterrumpidos entre el 3 y el 9 de febrero, pese a que la resistencia de las baterías antiaéreas era prácticamente nula, así como puramente testimonial la capacidad de respuesta de los aparatos republicanos del aeródromo de Vilajuïga. Los mismos informes de operaciones precisan que la mayoría de aquellas acciones fueron a cargo de la Legión Cóndor alemana.
El 8 de febrero pasaron nuevamente 26 camiones de la expedición del tesoro artístico por El Pertús y al día siguiente ocho camiones más. El día 9, los siete restantes cruzaron por Cerbère. El último vehículo, rezagado tras salir de Peralada, ya encontró la ruta de El Pertús colapsada por la aglomeración de fugitivos. Lo intentó por el vecino Coll de Lli, en La Vajol, debiendo transportar el cargamento a lomo de mulas en el tramo impracticable para el tráfico rodado.
A medida que llegaban a territorio francés el contenido de los siete primeros camiones fue almacenado bajo custodia en un depósito de Le Boulou. El de los demás 64 vehículos, en el vecino castillo de Aubiry de Sant Joan Pla de Corts. Del 10 al 12 de febrero transportaron todas las obras de arte a la estación ferroviaria de Ceret, desde donde un convoy de 22 vagones precintados las hizo llegar el 13 de febrero al Palacio de la Sociedad de Naciones en Ginebra. Las obras evacuadas dieron pie a una exposición en la ciudad suiza. El 9 de setiembre de 1939 se reincorporaron al Museo del Prado, una semana después del inicio de la Segunda Guerra Mundial.
No se perdió ni dañó de consideración ningún cuadro ni objeto de arte de la expedición, rigurosamente controlada por los observadores internacionales. Por el contrario, el recibimiento francés del medio millón de republicanos españoles que cruzaron la frontera por aquellos mismos puntos y aquellos mismos días fue mucho menos cuidadoso, sin observadores internacionales que velasen por el trato dispensado. Por ahora no se ha derivado ninguna película con el presupuesto de la que acaba de estrenar George Clooney sobre unos hechos posteriores.

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