16 abr. 2014

Las cortesanas, ayer y hoy, como siempre

La figura de la cortesana existe desde que existe el poder. La corte ha representado siempre el centro del poder y la principal repartidora de cargos y prebendas. Les cortesanas no son más numerosas que los cortesanos. En Versalles alcanzaron la cima debido a la exuberancia inflamada de aquella corte, no por nada más. El siglo XVI decía la reina consorte de Francia y futura regente Catalina de Médicis: “Cuando leo las historias de este reino encuentro que las putas han dirigido desde siempre los asuntos de los reyes”. Acto seguido, con la intervención de la guillotina, el panorama se renovó relativamente. Una parte de la vieja aristocracia fue barrida por el cambio de
época, otra parte se incrustó en las nuevas elites burguesas de las grandes empresas, los bancos, los consejos de administración, los nuevos gobiernos.
A Luis XIV, el rey Sol que construyó Versalles, le casaron a los 15 años con la infanta María Teresa de Austria, que tenía 22. La novia, descendiente por vía endogámica del emperador Carlos V y del rey Felipe II, fue impuesta por la madre del joven monarca, Ana de Austria, dado que María Teresa era su sobrina preferida, y por la presión política del cardenal Mazarino. Tan solo dos años después de la boda, el rey Sol reconoció como favorita oficial a Louise de La Vallière. La reina, que hablaba en castellano con su mentora Ana de Austria y se defendía en francés con acento hispánico, confesaba a propósito de la rival no aguantar “cette poute”. Tuvo que aguantar a esta y a las siguientes, como Madame de Montespan a partir de 1667, para quien el rey amplió Versalles con el nido de amor del palacio del Trianón. 
El hecho de que las favoritas estuviesen previamente casadas no constituía impedimento. Al contrario, solía ser un sólido beneficio para el marido. Madame de Montespan se llamaba así por estar casada con el marqués de Montespan. No le impidió tener siete hijos bastardos con Luis XIV, quien la abandonó a partir de 1669 a favor de Madame de Soubise. El nuevo marido “favorecido”, François de Rohan, sacaría una fortuna, con la que amplió su magnífico palacete parisino, que ahora alberga la sede histórica de los Archivos Nacionales en la Rue des Archives, en el barrio del Marais. El rey también se cansó. A partir de 1682 tomó como amante oficial a una de les institutrices de la anterior prole adulterina con la Montespan, la joven Françoise Scarron. El monarca la convirtió en marquesa de Maintenon y la corte la llamó de un día para otro Madame de Maintenant
El sucesor, Lluís XV, fortaleció más aun la fama de Versalles en la materia, manteniendo simultáneamente como amantes reconocidas a las cuatro hijas del marqués de Nesle, dentro de un ménage à quatre perfectamente historiado, fomentado por el cardenal Richelieu para tener al rey entretenido y poder llevar a cabo su política. Con todo, la favorita emérita y de mayor ascendente sobre el monarca fue a partir de 1745 Jeanne-Antoinette Poisson, convertida en marquesa de Pompadour, relevada por la joven condesa Du Barry a partir de 1768 y hasta la muerte del rey seis años más tarde. A esta última le tocó conocer la siguiente etapa marcada por la guillotina, a la que sucumbió como enemiga del pueblo en 1793, pocas semanas después de que lo hiciese la reina María Antonieta. La figura de la favorita adoptó a partir de entonces nuevas formas. 
La solemne sede de la presidencia de la República Francesa es hoy el palacio del Elíseo, comprado por Luis XV en 1753 como residencia parisina de la Pompadour. El 16 de febrero de 1899 murió súbitamente entre sus paredes, a los 58 años, el presidente de la República Félix Faure, oficialmente de “congestión cerebral”, mientras su amante de 26 años Marguerite Steinhell (esposa del pintor Adolphe Steinhell) le practicaba una fogosa felación que valió a la muchacha el apodo de “pompe funèbre” en la vox populi. El actual titular del Elíseo, del que se escapa algunas noches con casco de motorista, también ha contribuido recientemente a esas leyendas verificadas.

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